viernes, 19 de abril de 2013

Decepción

Miraba sin ver ver a través de la ventana, los ojos perdidos en la distancia. El calor del sol en el exterior era asfixiante, a pesar de ello había adultos paseando y niños jugando, una multitud de pequeñas cosas que conforman la vida en una ciudad. Todo ajeno a ella. Las emociones en su interior eran tan fuertes que nublaban cualquier otra acción que estuviera realizando. Allí. Quieta. Mirando el horizonte. El hombro apoyado ligeramente en el marco de la ventana, uno de sus brazos abrazando su estómago y el otro alzado a medias, con los dedos apoyados en sus labios en actitud pensativa. Por su postura nadie diría si estaba triste o alegre, concentrada o distraída. No al menos alguien que no la conociera bien, de esas personas que con solo echarte un vistazo saben cómo estás realmente. Pero no había nadie allí con ella. Mientras fuera el mundo giraba a su ritmo habitual, en la quietud de su casa se encontraba tan solo el huracán de sus emociones.

- Quieres que vaya...?

Con su tono de voz normal, le preguntó, mirándole a los ojos, escondiendo cualquier rastro de los sentimientos que pululaban por su interior. Normalidad, eso es lo que quería aparentar.

- No te preocupes, no es necesario.

El sonrió y la miró a su vez. Automáticamente ella sonrió a su vez. Bueno, quizás un observador concienzudo  habría reparado en que tardó un micro segundo más de la cuenta. Puede que, después de todo, la sonrisa no fuera tan automática.

- Seguro? No me importa, de verdad.

Una oportunidad más. Ella quería ir, pero su orgullo y su educación le impedían reconocerlo abiertamente. Además, quería que él se diera cuenta. Asomándose a sus ojos estaba el anhelo de su respuesta. Quería seguir compartiendo el tiempo con él, quería acompañarle, que le dijera cualquier cosa. No importaba. No importaba lo que hicieran, no importaba si era aburrido o si requería esfuerzo. Solo quería estar con él. Solo un poco más...

- Que no tonta, no hace falta, en serio.

Siguió sonriendo. Su sonrisa era más tirante, el esfuerzo de mantenerla cuando la decepción se apoderaba de su interior amenazaba con quebrar su máscara. Por supuesto él lo hacía por ella. En su cabeza se lo repetía una y otra vez.  - No pasa nada, lo hace por mí. Es normal, no quiere que te aburras. Que mono, no? Aunque... No! Soy una tonta, no pasa nada. Lo hace por mí. - Una y otra vez, en cuestión de segundos pasaba por su cabeza.

- Vaaaale, tú te lo pierdes!

Él sonrió y la besó. Ella le echó los brazos al cuello y dejó que lo hiciera, disfrutando pese a todo de su contacto. Se separaron y él la miró de nuevo.

- Te llamo más tarde, vale?
- Claro!

Dándose la vuelta, él se fue alejando, contento. Ella siguió mirándolo, mientras sentía la decepción extendiéndose por su cuerpo. Le atenazaba la garganta y se fundía con su estómago. Su sonrisa se fue desvaneciendo poco a poco, segura ya de que él no lo vería. Intentó repeler la sensación, pero tras unos pocos segundos, se dejó vencer por ella. Cerró los ojos con un suspiro y se dio la vuelta también en dirección contraria a la de él. Caminaba con gesto serio, sin reflejar ninguna emoción en particular. La decepción estaba en su interior, pero no se veía en su cara.  A paso lento y ligeramente cansado, se dirigía a su destino. Sabía que no debía sentirse así. Al fin y al cabo era su culpa. Podía haberle dicho que quería ir, que necesitaba estar con él. Hubiera accedido, por supuesto. Pero ella quería que él dijese que sí. Que demostrara que quería estar con ella. Que fuera egoísta, que fuera egoísta con ella, que la necesitara tanto como ella a él. En el fondo de su corazón, le culpaba de no haberse dado cuenta. La decepción le roía el corazón sin poder evitarlo. Cerró el puño fuerte, hasta hacerse daño en la palma con las uñas, y apretó la mandíbula.

Basta! - pensó - Es una tontería, soy una idiota orgullosa, y él un capullo por no darse cuenta. Sí. Pero sigue siendo una tontería. No debo dejar que estas cosas me afecten.

Aceleró el paso y a fuerza de voluntad consiguió desterrar casi completamente ese sentimiento de su interior.  Era orgullosa para todo. Quizá esta vez no consiguiera su objetivo, pero definitivamente la siguiente lo haría. Él se daría cuenta, o ella se lo diría. Aunque sabía que esto último, siendo realista, era poco probable. Él la quería, de eso estaba segura. Cerró los ojos un segundo y al abrirlos la determinación brillaba en ellos. Siguió su camino con energía  mientras, en un rincón apartado de su corazón, una ligera bruma de decepción se instalaba sin que ella lo viera.